El Miércoles por la tarde estuve en una conferencia organizada por el IESE titulada: Web 2.0: Realidad, ficción y oportunidad de negocio; y más allá de las transparencias y de las opiniones de los dos conferenciantes, este evento me ha servido para escuchar de fondo algunas opiniones sobre el fenómeno del concepto 2.0, y mientras dedicaba un rato a reflexionar sobre distintas opiniones que he leído durante los últimos meses sobre el 2.0.
A día de hoy, creo que todavía estamos muy verdes en cuanto a la filosofía que sustenta el concepto 2.0, y pese a que no paramos de hablar de si una página web o servicio es 1.0 o 2.0, y haya quien se atreva a definir cómo debería ser el 3.0; podríamos decir que todavía estamos en pañales, y falta mucho para que realmente nos movamos en un “entorno 2.0″.
En Internet, la revolución del concepto 2.0 ha conseguido avanzar rápidamente gracias a la propia forma de la red, y a la aparición de múltiples tecnologías (AJAX, XML, …) que han permitido realizar nuevos desarrollos que permiten que las páginas web puedan interactuar con los usuarios, en lugar de limitarse a ser los catálogos de productos que eran anteriormente. Esta mejora en las comunicaciones y relaciones máquina-máquina y hombre-máquina han sido fundamentales para que hoy podamos hablar de la web 2.0; aunque en ningún caso podemos olvidarnos de los verdaderos protagonistas, los usuarios.
Poco a poco, los usuarios están descubriendo en Internet un medio que permite fácilmente compartir conocimiento y relacionarse con personas que tienen los mismos intereses o inquietudes, y que les ha dado la posibilidad de hacer llegar sus ideas a una gran audiencia que, hasta la llegada de Internet, era prácticamente imposible.
Pese a los grandes avances tecnológicos que se han producido, no creo que podamos decir que el avance en una tecnología en concreto, haya sido el creado de la Web 2.0, sino que la tecnología tan sólo ha sido un “facilitador” que ha permitido que hoy en día, interactuar con los usuarios a través de la red sea mucho más fácil y económico, y que prácticamente cualquier usuario con ciertos conocimientos de programación, pueda crear programas o servicios sin que suponga un coste prohibitivo.
Por tanto, no creo que podamos asignar la etiqueta 3.0 a un mero avance tecnológico (por más revolucionaria que sea la web semántica), si realmente sólo es una evolución que nos permitirá reducir y mejorar las relaciones, que las limitaciones actuales que tenemos ahora no permiten llevar a cabo.
A raíz de todo este rollo que os he soltado, me surge la siguiente duda filosófica:
“La democratización de la red” ha sido una de las expresiones más utilizadas a la hora de definir la Web 2.0, ya que los usuarios son los que han tomado el protagonismo por delante de las empresas.
De la misma manera en que muchos usuarios se preguntan ¿qué hay después de la web 2.0?, yo me pregunto ¿qué hay después de la democracia?
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